Manto de anomalías envuelve a notarios

El 80 por ciento de los 115 notarios que están sometidos a juicios disciplinarios incurrieron en la práctica de legalizar actos sin la presencia de las partes, o sea, que no vieron si las personas firmaron, la mayoría de ellos realizados para la venta y transferencia de bienes muebles e inmuebles.

Otros fueron sometidos por legalizar permisos de viajes de menores en los cuales uno de los padres había falsificado la firma del otro, y un reducido grupo ha participado en embargos irregulares, que han terminado en atracos, porque fueron sustraídos bienes.

Algunos notarios enjuiciados han brindado sus servicios para testamentos y herencias.

De cuatro notarios que recientemente fueron suspendidos provisionalmente por la Comisión Disciplinaria del Colegio Dominicano de Notarios, dos tenían la costumbre de dejar hojas en blanco, firmadas y selladas, en fotocopiadoras y en una cafetería, para que sean vendidas a los abogados que requieran sus servicios notariales. Se determinó, además, que habían legalizado firmas de personas fallecidas.

Entre los suspendidos provisionalmente figuran el notario Julio César Troncoso Saint Clair, quien está acusado de dedicarse a la venta de hojas notariales en blanco, rubricadas y selladas por él.

Fue suspendida la notaria Margarita del Alba Piñeyro López, a quien se le atribuye incurrir en la falta de legalizar un acto bajo firma privada de un supuesto contrato de venta, sin que la firma de las partes, y en cambio aparezca firmado y sellado por la notaria, que tenía por práctica dejar el papel en una cafetería próximo a un tribunal.

En la resolución que la envía a juicio disciplinario, se hace constar que la notaria declaró que reconoce que esa es su firma y sello, y que le firma siempre y cuando sea un colega o un abogado. Señaló, además, que se ha visto envuelta en otros problemas, por lo que no legaliza documentos de inmuebles.

El notario Juan Ferreras Matos fue sometido por legalizar un poder otorgado para la venta de un vehículo que no había sido firmado por el poderdante, es decir, por la persona que presuntamente dio la autorización.